lunes, 29 de junio de 2009


Déjame que mire


Déjame que mire

esos ojos que me miran.

Déjame que hable

a esos labios que me hablan.

Déjame que sueñe

esos sueños que me sueñan.

Déjame despertar en tus mañanas

y regresar a tu interior cada atardecer.

Déjame crecer en tus entrañas.

En tu tierra, déjame llover;

labrar tu cuerpo con caricias;

escribir contigo fiel la historia;

descubrir las mil delicias

en el giro de la vida de tu noria.


Alejandro Vidal

lunes, 22 de junio de 2009

De tu ser presentido en mí


De tu ser presentido en mí


Baja la persiana de su contorno y figura

como si arrancara la flor de mi jardín favorito

Huyendo de sí misma para después buscarse en mí.

De otros oculta la reticencia de sus pasos

y a mí me muestra el amplio salón de su nostalgia más recóndita.

Y van pasando así los días y las horas

con una cadencia indefinida.

Al ritmo de la meticulosa luz que se distancia

entre las primeras brisas de un abril desconocido.

Desamparado está el camino del labriego

cuya alambrada de espino está caída.

Y deja el paso franco y aliviado

del retorno de las plagas de la envidia

y del grito de dolor de cada herida.

Yo quiero ser de entre todos el primero,

en devolver a los campos su semilla.

Aquella que fructifica en mil espigas

que se mecen con el viento en dorada melodía.


Alejandro Vidal

domingo, 14 de junio de 2009

Sueño


Sueño

De tantas lunas embriagado,

suspendido en el alero del letargo,

raudo y fiero me contengo.

Y sigo abriendo en el vértice azulado,

el ligero soplo de tu gracia.

Suspiro en mi memoria buscando

las miradas pedregosas de bajeles escarchados.

Me hacen daño los otoños mentirosos

que acurrucan en sus nidos

imposibles escondites de coral imperceptible.

Voy emigrando del silencio transparente

Que, en oblicuas circunstancias transeúntes,

me mira de soslayo y se divierte,

cómplice de las murallas de granito.

Y en purpúreos camposantos de consuelo,

se doblegan a su peso entumecido,

el abrazo del extraño y el amigo.

Y del tronco del castaño sube al cielo

el repique de los charcos mensajeros

de inocentes caricias desplegadas

que suplican, con rubor las cien arcadas,

del octógono crepuscular endecasílabo.

Solo el ciervo de pureza monacal,

en el límite del claustro del misterio,

gira en súbita agonía ensimismado

entre gélidas guitarras desgarradas de reclamo.

Búscalas en el ribazo de tu orgullo,

que no entiende el mundo de desmayos

si a la vez no surca el laberinto del lamento,

la voz que se duplica con el llanto.

Abre, luz, la semilla que has tallado

en esmaltes y esmeraldas de soldado

como súplica sincera de emociones.

Levanta ese candil casi apagado

de jazmines y jubones

de canciones y de prados.

que duerme sereno en tu costado,

en esa llaga tan recóndita y espléndida

que, la paz de la montaña encuentra abierta

en la calma de esa tu hermosura incierta,

para que, de tus manos surja, indómita,

la historia de la tierra.

Alejandro Vidal

sábado, 6 de junio de 2009

Mi barca


Mi barca

 

De la ribera en el lago,

por blandas olas mecida,

de robusta y añeja madera,

flotando tengo una barca.

Con ella creció mi infancia

hasta la edad de los hombres.

Soñar en ella quisiera,

a la suave luz de las estrellas

dormido junto a la orilla

cuando me llame la parca.


Alejandro Vidal