
Sueño
De tantas lunas embriagado,
suspendido en el alero del letargo,
raudo y fiero me contengo.
Y sigo abriendo en el vértice azulado,
el ligero soplo de tu gracia.
Suspiro en mi memoria buscando
las miradas pedregosas de bajeles escarchados.
Me hacen daño los otoños mentirosos
que acurrucan en sus nidos
imposibles escondites de coral imperceptible.
Voy emigrando del silencio transparente
Que, en oblicuas circunstancias transeúntes,
me mira de soslayo y se divierte,
cómplice de las murallas de granito.
Y en purpúreos camposantos de consuelo,
se doblegan a su peso entumecido,
el abrazo del extraño y el amigo.
Y del tronco del castaño sube al cielo
el repique de los charcos mensajeros
de inocentes caricias desplegadas
que suplican, con rubor las cien arcadas,
del octógono crepuscular endecasílabo.
Solo el ciervo de pureza monacal,
en el límite del claustro del misterio,
gira en súbita agonía ensimismado
entre gélidas guitarras desgarradas de reclamo.
Búscalas en el ribazo de tu orgullo,
que no entiende el mundo de desmayos
si a la vez no surca el laberinto del lamento,
la voz que se duplica con el llanto.
Abre, luz, la semilla que has tallado
en esmaltes y esmeraldas de soldado
como súplica sincera de emociones.
Levanta ese candil casi apagado
de jazmines y jubones
de canciones y de prados.
que duerme sereno en tu costado,
en esa llaga tan recóndita y espléndida
que, la paz de la montaña encuentra abierta
en la calma de esa tu hermosura incierta,
para que, de tus manos surja, indómita,
la historia de la tierra.
Alejandro Vidal